En un listado de los diferentes momentos que existen durante el proceso de edición de un libro —a mi juicio—, la corrección (en todas sus etapas) está entre los más importantes. Son muchas las editoriales que pueden mandar a imprimir un libro; incluso son muchas más las que simplemente «ensucian papel», pero realmente son pocas las que editan y publican con extremo cuidado y de manera profesional.
El rubro editorial no escapa de la pelea —paradigma del desarrollo capitalista— por mantener y, en el mejor de los casos, intentar aumentar su tasa de ganancia. La idea de la edición romántica solo vale para quienes editan por hobby (dicho de otra manera, no viven de lo que obtienen como renta por editar). En muchos casos, el mantenimiento de esta tasa se obtiene a través de la eliminación de procesos de control, una baja en la calidad de los materiales utilizados y, en el peor de los mundos, mentir lisa y llanamente: es decir, asegurar hacer cosas que en realidad no se hacen.
La corrección es uno de los procesos de edición que viene sufriendo desde hace años una baja en su calidad, ya sea porque se ha perdido la especificidad (correctores preparados especialmente para temas específicos) o porque hay una crisis de mercado en la relación oferta/demanda que permite que correctores con menos experiencia tomen trabajos que requieren de mayor conocimiento, por nombrar las dos más comunes.
La tecnología como aliada en los procesos de corrección
Ahora bien, existe una línea de trabajo en la cual el desarrollo de métodos y procedimientos está cada vez más ligado al avance tecnológico. El control del homeoarchy (omisión accidental de una línea de texto durante la lectura, debido a similitudes en su contenido inicial) es un ejemplo. En LaTeX se pueden utilizar las macros que desarrolló Raphaël Pinson utilizando el lenguaje Lua; estas hacen los controles para este tipo de errores. Todas las opciones disponibles están explicadas en su manual de uso.
\usepackage[hyphenation,
homeoarchy,
homeoarchywordcolor=yellow,
homeoarchycharcolor=orange,
draft]{impnattypo}
Una de las recomendaciones que propongo para solucionar este tipo de inconsistencias es reescribir parte del pasaje en cuestión, asumiendo que es posible hacerlo. Si el pasaje es una cita textual, no se debe cambiar ni una sola palabra. A continuación muestro ejemplos «de la vida real»: se pueden observar tres figuras tomadas de dos libros editados recientemente. En la primera parte de cada figura están las marcas de color con el error y, a continuación, el pasaje corregido; preferí no marcar los cambios para que los encuentren con la lectura.
Figura 1

Figura 2

Figura 3

En el ejemplo anterior vemos un detalle que es motivo obligado para otra entrada: se puede observar que, aun comenzando de igual manera la primera línea, su final es diferente. Esto se debe a que el motor de TeX procesa los cálculos tipográficos con cuatro dígitos decimales (0,0001), a diferencia de los programas convencionales, que trabajan solo con dos (0,01). Esto da una mayor flexibilidad y precisión en el uso del rango predefinido (dentro de la tipografía) de tolerancia al cálculo tipográfico en la construcción de las líneas y/o párrafos, pudiendo obtenerse situaciones como la mostrada en la figura, donde las alteraciones del kerning de la tipografía y su tratamiento microtipográfico no son perceptibles al ojo humano.