El PDF como institución: lectura, capital simbólico y el cambio generacional que el sistema académico todavía no vio

Durante una charla informal con Horacio Moreno (UNPaz) me comenta que más del 66% de los estudiantes de entre 18 y 24 años leen sus materiales de estudio desde el teléfono celular, y lo hacen preferentemente en HTML [1].

1. Introducción: un dato que pasó sin comentario

El número no describe una preferencia tecnológica pasajera. Describe una generación para la cual el PDF es ya un formato ajeno, un objeto que se tolera porque el sistema lo impone pero que no corresponde a sus prácticas reales de lectura. Y esa generación, en diez años, será la comunidad académica activa: quienes escriban, evalúen, editen y consuman la producción científica.

La pregunta que organiza este artículo no es si el PDF va a desaparecer. Es más precisa y más incómoda: ¿por qué el sistema académico no está viendo —o no quiere ver— lo que ya tiene delante?

Para responderla, es necesario examinar tres capas que se retroalimentan y sostienen mutuamente:

  1. la capa empírica y generacional, que describe el cambio de soporte de lectura ya ocurrido;
  2. la capa tecnológica y estructural, que documenta las limitaciones reales del PDF en el ecosistema digital;
  3. la capa institucional y simbólica, que explica por qué el campo académico mantiene ese formato a pesar de sus limitaciones.

Ninguna de las tres es suficiente por sí sola. Juntas configuran un sistema de inercia con una lógica propia.

2. La analogía del vinilo: por qué es útil y por qué falla

Una forma de introducir este problema en una clase —y también en un artículo— es comparar el PDF con el vinilo. La analogía es sugerente: ambos formatos fueron desplazados por algo más fluido en el uso cotidiano, ambos sobreviven en nichos específicos, y ambos acumularon una carga simbólica que excede su función técnica. El vinilo no es solo un soporte de audio: es un objeto de culto, una declaración estética, un marcador de pertenencia. El PDF, en ciertos contextos, opera de manera similar.

Pero la analogía tiene un límite preciso que vale la pena señalar, porque de ese límite surge la especificidad del problema.

El vinilo perdió centralidad porque era técnicamente inferior al streaming en casi todas las dimensiones que importan para el usuario masivo: portabilidad, acceso, costo y volumen disponible. Cuando apareció algo claramente superior en todos esos aspectos, la migración fue rápida y masiva. Los nichos que quedaron son reales pero pequeños: el audiófilo, el coleccionista y el DJ.

El PDF no perdió en sus funciones centrales. Sigue siendo técnicamente superior en lo que el campo académico hoy más valora: la fijación tipográfica exacta, la portabilidad sin dependencia de plataforma, la citabilidad como objeto estable y la equivalencia con la “versión de registro”. En esas dimensiones, el PDF no tiene un rival directo –al menos hasta ahora– completamente instalado.

Por eso la comparación con el vinilo es útil para mostrar que los formatos culturalmente dominantes pueden declinar, pero engañosa para predecir el ritmo y las condiciones de ese declive. El vinilo era peor en todo; el PDF es peor en algunas cosas, pero esas cosas son las que más importan para la lectura cotidiana en el ecosistema digital actual.

La distinción clave que emerge de este análisis es que el PDF cumple dos funciones que el campo trata como si fueran una sola: es a la vez interfaz de lectura y también objeto institucional de validación. El streaming reemplazó al vinilo en ambas funciones simultáneamente. Lo que está ocurriendo con el PDF es diferente: su función como interfaz de lectura ya está siendo reemplazada, pero su función como objeto institucional permanece intacta. Y esa asimetría es lo que genera la tensión actual.

3. Tres capas de un mismo problema

3.1 La capa empírica y generacional

El cambio de soporte de lectura no es una tendencia emergente. En la franja etaria de 18 a 24 años, el teléfono celular es el dispositivo primario de acceso a la información, y eso incluye los materiales académicos. El dato de la UNPaz —66% de estudiantes leyendo desde el celular, con preferencia por HTML— no es un caso aislado [1]. Es consistente con la dirección que marcan los estudios internacionales sobre prácticas de lectura digital, particularmente en países de ingresos bajos y medios, donde el celular frecuentemente es el único punto de acceso a internet [2].

Esta generación no migró al celular: nació en él. Su relación con la lectura es estructuralmente diferente a la de las generaciones anteriores: es fragmentada, navegable, contextual, frecuentemente asistida por herramientas digitales. El PDF no es su formato nativo de lectura; es un formato que soporta porque el sistema académico se lo impone como condición de acceso al conocimiento formal. Pero esa tolerancia tiene un límite, y ese límite ya está siendo visible en las aulas.

Lo que hace relevante este punto no es la anécdota sino la proyección. Si los estudiantes que hoy tienen entre 18 y 24 años consolidaron sus prácticas de lectura en torno al HTML y el dispositivo móvil, esas prácticas no van a cambiar cuando ingresen como investigadores, docentes o editores. Van a llevar sus hábitos consigo. Y el sistema académico que encuentren —si no cambia— les va a pedir que produzcan y consuman conocimiento en un formato que no corresponde a cómo leen.

Esa es la bisagra. No una tecnología nueva, no un estándar mejor: un cambio generacional que ya ocurrió y cuyas consecuencias institucionales todavía no se procesaron.

3.2 La capa tecnológica y estructural

Independientemente del cambio generacional, la literatura académica internacional documenta desde hace al menos una década que el PDF tiene limitaciones estructurales reales en el ecosistema digital. No se trata de una opinión sobre preferencias de formato: se trata de problemas técnicos con evidencia empírica.

El primero es la búsqueda. El PDF no fue diseñado como medio de publicación en línea y no evoluciona para soportar las experiencias de búsqueda que los lectores actuales esperan [3]. Los motores de búsqueda y los índices académicos pueden procesar PDFs, pero lo hacen de manera técnicamente compleja y con resultados menos precisos que los obtenibles a partir de XML o HTML estructurado [4].

Para herramientas de minería de texto y análisis de citaciones, que actualmente deben procesar tanto PDFs como archivos XML porque el PDF sigue siendo el formato predominante, la producción universal en XML legible por máquinas representaría un avance significativo [4].

El segundo problema es la accesibilidad. Un estudio de 2024 que analizó 20.000 PDFs académicos publicados entre 2014 y 2023 identificó una caída preocupante en los índices de accesibilidad desde 2019, especialmente entre artículos de acceso abierto. Los autores identifican asociaciones claras entre los campos disciplinares, las plataformas de creación y los modelos de publicación con la calidad de accesibilidad del documento, y señalan que los esfuerzos por mejorar ese indicador no se han consolidado en la práctica [5]. Para lectores con baja visión o que dependen de lectores de pantalla, el PDF académico actual representa una barrera de acceso real, no hipotética.

El tercero es la lectura por máquinas. La infraestructura emergente de comunicación científica —índices semánticos, sistemas de recomendación, herramientas de IA para síntesis de literatura— opera fundamentalmente sobre texto estructurado. El XML y el HTML no son solo más cómodos para lectores humanos: son los únicos formatos que permiten la interoperabilidad con esa infraestructura en desarrollo [6]. El PDF también puede ser procesado por esas herramientas, pero con una fricción técnica que el XML ya eliminó en su diseño.

El cuarto problema, más específico del ecosistema latinoamericano, es la relación entre el formato y la visibilidad en los indexadores. Los grandes sistemas de indexación regional —SciELO y Redalyc— construyeron sus flujos de trabajo en torno al XML-JATS precisamente porque el PDF es insuficiente como objeto de intercambio de metadatos. Una revista que publica únicamente en PDF está limitando su capacidad de participar en la infraestructura de acceso abierto que define la comunicación científica regional.

3.3 La capa institucional

Si el PDF tiene limitaciones técnicas claras y si el cambio generacional ya ocurrió, ¿por qué el sistema académico lo mantiene como formato central? La respuesta no está en la eficiencia técnica sino en la lógica del campo.

El sistema académico construyó sobre el PDF sus prácticas de validación, citación, evaluación y archivo. La paginación del artículo en PDF define la cita bibliográfica. El PDF es el objeto que se descarga, se imprime, se lleva a las reuniones de evaluación, se adjunta en los currículos, se deposita en los repositorios como “versión de registro”. Cambiar el formato no es solo una decisión técnica: implicaría revisar qué se entiende por “un artículo”, qué es “una cita bibliográfica”, qué constituye la “versión definitiva” de un texto.

Horacio Moreno, licenciado en Bibliotecología con experiencia en el ecosistema de publicación académica argentina, señala con precisión un elemento adicional que completa este diagnóstico: el PDF acumula capital simbólico [1]. No es solo útil; es reconocible como “objeto serio” por evaluadores, comités de acreditación y sistemas de ranking. Porta la estética y el prestigio del mundo impreso. Su abandono implicaría una pérdida simbólica que el campo todavía no está dispuesto a asumir.

La categoría de capital simbólico, en el sentido desarrollado por Bourdieu, refiere a las formas de reconocimiento, prestigio y autoridad que se acumulan en un campo social y que sus actores perciben y utilizan, con frecuencia sin tematizarlos explícitamente [7]. Los campos producen y reproducen sus propias reglas de valoración; lo que cuenta como conocimiento válido, como publicación legítima, como formato apropiado, no está determinado por criterios puramente técnicos sino por la historia y la estructura del campo mismo. El PDF, en ese sentido, no es solo un formato de archivo: es parte del habitus editorial académico, una disposición incorporada que hace que los actores del campo reproduzcan sus lógicas sin necesariamente cuestionarlas.

La observación de Moreno sobre la práctica de paginar revistas en PDF únicamente para poder construir un tipo de cita bibliográfica que ya es funcionalmente obsoleta es una síntesis exacta de esa lógica: el campo mantiene una práctica costosa e ineficiente no porque produzca valor real sino porque garantiza la continuidad de sus propias convenciones de validación [1]. Es, en términos de Bourdieu, el campo defendiendo su autonomía mediante la reproducción de sus reglas internas, independientemente de si esas reglas tienen correlato en la realidad técnica o en las prácticas de los lectores.

4. Capital simbólico y el objeto cerrado

Para entender por qué el PDF resistirá más tiempo del que su utilidad técnica justificaría, es necesario tomarse en serio su dimensión simbólica.

El PDF nació en 1993 como solución a un problema específico: hacer portable la impresión. Su genealogía técnica es directa: PostScript, PageMaker, las impresoras láser de los años ochenta [8]. Fue diseñado para que un documento se viera igual en diferentes dispositivos porque fue pensado para sustituir al papel, no como un formato para lectura en pantalla. Esa genealogía determina su arquitectura: el PDF es un objeto cerrado, fijo, paginal, que supone un tamaño de página, una tipografía estable, una disposición espacial que no varía. Es, en su lógica más profunda, una fotocopia digital.

Durante las décadas de 1990 y 2000, esa característica fue una virtud: en un entorno de múltiples sistemas operativos, pantallas de distintas resoluciones y software heterogéneo, la garantía de reproducción exacta era un valor real. El PDF resolvió un problema real del ecosistema digital de su época.

Lo que cambió no es el PDF sino el ecosistema. La proliferación de dispositivos móviles, el predominio de pantallas de distintos tamaños y orientaciones, la emergencia de la lectura asistida por inteligencia artificial, la necesidad de interoperabilidad semántica entre sistemas: todos estos fenómenos hacen que la fijeza que antes era una virtud se convierta en una limitación estructural. El objeto cerrado que garantizaba reproducción exacta ahora impide la adaptabilidad que los lectores y las máquinas requieren.

Pero el campo académico no percibe esta transformación con facilidad porque el PDF, además de cumplir funciones técnicas, cumple funciones simbólicas. La “página 47” de un artículo no es solo una coordenada espacial: es una coordenada institucional. Permite la cita exacta, la verificación, la remisión. El hecho de que esa coordenada pueda reemplazarse por otras (el párrafo numerado, el identificador persistente, la sección etiquetada en XML) no neutraliza automáticamente el peso del sistema de prácticas que se construyó culturalmente sobre la paginación durante décadas.

En este sentido, la frase más precisa para describir la situación actual no es que el PDF “va a morir”. Es que el PDF va a quedar atrapado: atrapado entre su obsolescencia como interfaz de lectura y su persistencia como objeto institucional de validación. Esa tensión puede prolongarse durante años, incluso décadas, porque el campo académico tiene una capacidad notable de mantener prácticas ineficientes cuando esas prácticas son funcionalmente equivalentes a sus propias reglas de legitimidad.

5. La limitación no es técnica, es cultural y profesional

Uno de los argumentos más frecuentes en defensa del PDF en el debate cotidiano es de naturaleza estética: los PDFs pueden ser tipográficamente bellos, mientras que los formatos fluidos —HTML y EPUB— producen resultados pobres cuando se los imprime o cuando no están bien implementados. La observación no es falsa como descripción del estado actual del campo. Pero es falsa como argumento técnico.

La limitación que describe no es una propiedad intrínseca del HTML o del XML: es una consecuencia de quién produce esos formatos y con qué herramientas. Cuando un documento HTML produce una impresión plana, sin control tipográfico, sin gestión del espacio y el color, es porque fue producido por alguien que no domina las herramientas de diseño para ese medio. Desde los lenguajes de marcas —HTML con hojas de estilo en cascada, LaTeX, Markdown con preprocesadores o AsciiDoc— es posible lograr resultados tipográficos equivalentes y en muchos casos incluso superiores a los que producen herramientas DTP como InDesign. La clave es que requieren un tipo de saber diferente.

El problema real es histórico y estructural: el campo editorial no incorporó al programador como actor central. Las artes gráficas y la edición construyeron su saber profesional alrededor de herramientas de diseño visual —primero la composición manual, luego la fotocomposición, luego el DTP— sin integrar la lógica de las estructuras y la automatización a escala que maneja quien programa.

El resultado es que el campo tiene un déficit de competencias específicas para trabajar con formatos fluidos de alta calidad, y ese déficit se percibe erróneamente como una limitación del formato cuando en realidad es una limitación de la formación profesional.

Este diagnóstico tiene consecuencias prácticas. La solución no es defender el PDF porque “los HTML son feos”: es formar editores que sepan producir HTML tipográficamente controlado, o incorporar a los flujos de trabajo editorial a quienes ya saben hacerlo. El saber de la programación deja de ser un accesorio y pasa a ser estructural, ya no solo por una cuestión estética, sino por una necesidad más profunda: la interoperabilidad entre sistemas, la generación de metadatos semánticos y la producción simultánea de múltiples formatos a partir de una única fuente estructurada.

El programa gbpublisher es una demostración concreta de que la barrera técnica no existe cuando se incorpora esa competencia al proceso, un sistema de escritorio para producción editorial académica desarrollado en el contexto de revistas científicas latinoamericanas, que genera HTML desde XML-JATS con salida optimizada para celular, tablet y escritorio, incorporando metadatos para Google Scholar y OpenAlex, sin intervención manual del operador en el código [9]. El operador no necesita conocer XML ni HTML: trabaja con formularios y una base de datos relacional. El sistema produce todos los formatos de salida —incluyendo el PDF cuando se requiere como objeto de archivo— desde una única fuente canónica. No es una demostración de que el problema está resuelto a escala; es una demostración de que la limitación técnica no es la barrera principal. La barrera es la ausencia de esa lógica de trabajo en los flujos editoriales habituales.

6. La pregunta que nadie quiere responder

Hasta aquí el argumento ha construido el caso de que el PDF está perdiendo centralidad como interfaz de lectura, que esa pérdida es generacional y ya está en curso, y que el campo académico la sostiene por razones institucionales y simbólicas más que técnicas. Pero hay una pregunta legítima que la posición crítica al PDF debe responder, y que con frecuencia evita: si el PDF desaparece como objeto institucional de validación, ¿qué lo reemplaza?

No es una pregunta retórica. Es el punto donde el debate más fácilmente colapsa en un callejón sin salida, porque la respuesta no es obvia ni está completamente instalada.

El PDF cumple, en el sistema académico actual, una función de estabilidad genuinamente importante: garantiza que el texto al que remite una cita sigue siendo el mismo que leyó quien cita. Esa garantía de estabilidad es lo que distingue la comunicación científica de otros géneros discursivos: la posibilidad de verificar, reproducir, contraargumentar con referencia a un texto estable. Atacar el PDF sin proponer cómo se preserva esa función es atacar una función necesaria, no solo un formato arbitrario.

La respuesta en construcción —y que ya existe en embrión en los estándares y la infraestructura disponibles— tiene cuatro componentes. El primero es el identificador persistente: el DOI (Digital Object Identifier), el ARK (Archival Resource Key) y el ORCID para autores. Estos sistemas proveen la estabilidad referencial que el sistema académico necesita, independientemente del formato del objeto. Una cita que incluye un DOI apunta a un objeto verificable aunque ese objeto sea HTML y no PDF [10].

El segundo componente es el XML como versión de registro. El XML-JATS, que es el estándar internacional para marcado de artículos de revistas científicas, define la estructura semántica del artículo de manera que el texto pueda ser procesado, validado y preservado independientemente de su presentación visual [11]. SciELO y Redalyc ya construyeron sus flujos de trabajo sobre este principio: el XML es la fuente canónica desde la cual se derivan el HTML para lectura en línea, el PDF para descarga e impresión cuando se requiere, y los metadatos para los sistemas de indexación. El PDF en ese esquema no desaparece; solo se convierte en uno más de los formatos de salida, no en el documento principal.

Un tercer componente, frecuentemente omitido en este debate, es la huella criptográfica del documento. Un hash (SHA-256, por ejemplo) calculado sobre el archivo XML canónico y publicado junto con el identificador persistente provee una garantía de integridad técnicamente mucho más sólida que la que hoy ofrece el PDF por su condición de objeto cerrado: cualquier modificación del contenido, por mínima que sea, produce un hash diferente. La combinación de DOI como localizador, XML como fuente canónica y hash como huella de integridad configuran un sistema de verificación que el campo académico todavía no adoptó como convención, pero que hoy ya existe como posibilidad técnica completamente madura.

El cuarto componente es el HTML como interfaz de lectura, con todas las capacidades que el ecosistema web permite: navegación interna enriquecida, metadatos semánticos, adaptabilidad a distintos dispositivos, integración con herramientas de anotación y citación, legibilidad por máquinas e indexadores. El HTML no es un formato degradado del PDF: es un formato diferente optimizado para funciones diferentes.

La combinación de estos cuatro componentes

  1. identificador persistente;
  2. XML como fuente canónica;
  3. hash como huella de integridad;
  4. HTML como interfaz primaria de lectura,

ya no es una propuesta teórica. Es la arquitectura que los grandes sistemas de publicación científica en acceso abierto están construyendo. Lo que falta es que el campo académico en su conjunto la adopte como convención, lo cual requiere transformar no solo la infraestructura técnica sino el habitus del campo: la manera en que investigadores, evaluadores, editores y bibliotecarios conciben qué es un artículo publicado.

7. América Latina como caso específico

Este artículo se escribe desde el contexto latinoamericano y para él, y ese contexto tiene características que merecen atención específica.

América Latina construyó en las últimas tres décadas una infraestructura de acceso abierto diamante que no tiene equivalente en ninguna otra región del mundo: SciELO, Redalyc, La Referencia y un conjunto de iniciativas nacionales que posicionan a la región como pionera en modelos de publicación científica sin costo para autores ni para lectores [12]. Esa infraestructura fue construida, desde el principio, sobre la lógica del XML y los metadatos estructurados. SciELO exige XML-JATS. Redalyc produce HTML desde sus propios flujos. Los indexadores regionales son, en este sentido, más avanzados que los sistemas dominantes del Norte Global en su adopción de formatos interoperables.

Sin embargo, en el nivel de las revistas individuales —particularmente las de universidades con bajo presupuesto, que son la mayoría del ecosistema— la realidad es frecuentemente la opuesta: el flujo de trabajo sigue siendo

paper –> Word –> PDF,

con el XML como adorno (algo que molesta) o como requisito burocrático que se resuelve en el último paso con herramientas automáticas de conversión de calidad variable.

Esta brecha entre los estándares que los grandes sistemas exigen y las capacidades reales de las revistas que deben cumplirlos es el problema operativo central del ecosistema editorial científico latinoamericano. Y es el problema que herramientas como gbpublisher intentan resolver desde el otro extremo: no exigiendo que los editores aprendan XML, sino construyendo interfaces que produzcan XML correcto a partir de flujos de trabajo que los editores pueden dominar con su formación [9].

El punto relevante para este artículo es que el contexto latinoamericano ofrece simultáneamente el mejor argumento para la migración hacia formatos fluidos (la infraestructura de acceso abierto ya la requiere) y la evidencia más clara de los obstáculos institucionales y culturales que esa migración enfrenta (la persistencia del flujo Word-PDF en la práctica cotidiana de la mayoría de las revistas).

8. Conclusiones

El debate sobre el futuro del PDF en la comunicación científica no es un debate sobre tecnología. Es un debate sobre cómo el campo académico construye, valida y distribuye el conocimiento, y sobre qué intereses y qué inercias sostienen esas prácticas.

Este artículo argumentó que la situación actual puede describirse a través de tres capas que se articulan y refuerzan mutuamente.

  1. La capa empírica y generacional muestra que el cambio de soporte de lectura ya ocurrió en la franja etaria que en una década será la comunidad académica activa.
  2. La capa tecnológica y estructural documenta que el PDF tiene limitaciones reales y conocidas para la lectura móvil, la búsqueda semántica, la accesibilidad y la interoperabilidad con la infraestructura emergente de comunicación científica.
  3. La capa institucional y simbólica explica por qué, a pesar de esas limitaciones, el PDF persiste: porque acumula capital simbólico, porque el campo académico construyó sobre él sus prácticas de validación, y porque su reemplazo requiere transformar no solo formatos sino convenciones profundamente arraigadas en el habitus del campo.

La limitación central no es técnica. Los formatos basados en XML/HTML permiten resultados tipográficos equivalentes o superiores a los del PDF cuando quien los produce incorpora las competencias adecuadas. El problema es que el campo editorial históricamente no incorporó al programador como actor central, y esa ausencia se manifiesta como una limitación del formato cuando en realidad es una limitación de la formación profesional disponible.

Para un futuro (a que tiempo, no lo sabemos), el escenario más probable no es la desaparición del PDF sino su desplazamiento hacia una función más acotada: el formato de archivo de descarga (y de impresión cuando se requiera), pero no la interfaz primaria de lectura ni el objeto sobre el que se construyen las convenciones de citación. En ese escenario, la pregunta no es si el PDF va a sobrevivir —va a sobrevivir— sino si el campo académico va a gestionar conscientemente esa transición o va a dejar que la presión generacional y técnica la fuerce sin un diseño institucional.

El momento bisagra no está por venir. Ya comenzó. Lo que está en juego no es el formato: es si el sistema académico va a ver —y procesar— lo que ya tiene delante.


Notas

[1] Moreno, H. Comunicación personal. Buenos Aires: UNPaz; marzo de 2026. El dato del 66% corresponde a una cifra de circulación interna de la Secretaría Académica de la Universidad Nacional de José C. Paz, comunicada por el autor a través de intercambio directo. No se trata de un estudio publicado; se utiliza como indicador empírico de una tendencia, no como evidencia estadística central.


Referencias

[1] Moreno, H. Comunicación personal [mensaje de WhatsApp]. Buenos Aires; 29 de marzo de 2026.

[2] Pew Research Center. Mobile Technology and Home Broadband 2021. Washington DC: Pew Research Center; 2021.

[3] Scholastica. Why most academic journals are following outdated publishing practices [Internet]. 2019 [citado 2026 mar 29]. Disponible en: https://blog.scholasticahq.com/post/why-academic-journals-are-following-outdated-publishing-practices/

[4] Scholastica. Why PDFs are no longer enough: File types for digital journals [Internet]. 2019 [citado 2026 mar 29]. Disponible en: https://blog.scholasticahq.com/post/why-pdfs-no-longer-enough-file-types-digital-journals/

[5] Kumar, A; Wang, LL. Uncovering the New Accessibility Crisis in Scholarly PDFs: Publishing Model and Platform Changes Contribute to Declining Scholarly Document Accessibility in the Last Decade. En: ASSETS ‘24: Proceedings of the 26th International ACM SIGACCESS Conference on Computers and Accessibility; 2024 oct 27-30; St. John’s, NL, Canada. New York: ACM; 2024. https://doi.org/10.1145/3663548.3675634

[6] Ithaka S+R. The Second Digital Transformation of Scholarly Publishing [Internet]. Nueva York: Ithaka S+R; 2024 ene 29 [citado 2026 mar 29]. Disponible en: https://sr.ithaka.org/publications/the-second-digital-transformation-of-scholarly-publishing/

[7] Bourdieu, P. Le capital social: notes provisoires. Actes de la Recherche en Sciences Sociales. 1980;31(1):2-3.

[8] PDF Association. Advancing PDF in Scholarly Publications. Science Editor [Internet]. 2025 oct [citado 2026 mar 29]. Disponible en: https://www.csescienceeditor.org/article/advancing-pdf-in-scholarly-publications/

[9] Moyano, A. gbpublisher: sistema de producción editorial académica [software]. Buenos Aires: Estudio 2A; 2024. Disponible en: https://albertomoyano.github.io/gbpublisher-docs/

[10] California Digital Library. The Future of Digital Publishing [Internet]. Oakland: University of California; 2023 sep 29 [citado 2026 mar 29]. Disponible en: https://osc.universityofcalifornia.edu/2023/01/the-future-of-digital-publishing/

[11] National Information Standards Organization. ANSI/NISO Z39.96-2019: JATS: Journal Article Tag Suite [estándar]. Bethesda: NISO; 2019.

[12] Hill, R. Making the future of scholarly communications. Learned Publishing. 2016;29(S1):S3-S8. https://doi.org/10.1002/leap.1052

[13] Somers, J. The Scientific Paper Is Obsolete. The Atlantic [Internet]. 2018 abr 5 [citado 2026 mar 29]. Disponible en: https://www.theatlantic.com/science/archive/2018/04/the-scientific-paper-is-obsolete/556676/